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Como
ciudadano común siempre sentí que las riquezas mineras del suelo
catamarqueño constituían toda una esperanza para lograr un desarrollo
sostenido en el ámbito de la Provincia. Mi actuación profesional en la
Universidad de Catamarca y en el Estado me dieron la posibilidad de
confirmar técnicamente esta creencia.
Todos creímos que para la racional explotación, que un día
llegaría, tan solo se necesitaba el condimento de la buena fe que debían
aportar los funcionarios actuantes. Lamentablemente no es lo que
sucedió. Esta crónica pretende mostrar cómo se dieron los hechos en la
realidad.
Como protagonista y testigo de la historia de la minería en mi
provincia, dediqué muchos años a recopilar valiosa información. Ello me
permite transmitirla a los que como yo, han elegido asumir la
responsabilidad y obligación de contar la realidad, a modo de lucha por
nuestros derechos ciudadanos respecto de un patrimonio devastado.
La codicia de capitales extranjeros asociada a la de algunos
funcionarios de turno, privaron a todo un pueblo de valerse de riquezas
que le eran propias.
En el 2005 fui elegido por el pueblo de Catamarca Diputado
Nacional, es decir me asignaron responsabilidades políticas que no puedo
eludir.
De aquí mi compromiso, de aquí mi obligación moral de relatar
estos turbios procedimientos que, en manos de inescrupulosos y siempre
desde la oscuridad, terminaron con la ilusión de los catamarqueños.
No podría vivir en paz con mi conciencia si evadiera mi
responsabilidad, ocultando la verdad de estos hechos relacionados con EL
DESPOJO. |